Grupo América: el cártel gigante que opera en modo hormiga

En un frío día de invierno en Gdansk, Zoran Jakšić se apresuró para resolver un problema que no había creado.

El número dos del Grupo América, una importante organización internacional de narcotráfico, estaba cuadrando la entrega de un cargamento de droga en Polonia.

Pero el 28 de enero de 2009, a las 12:42 p.m., Jakšić recibió una llamada preocupante. Uno de sus hombres, Milan, estaba en contacto con Dragan Vujović, tripulante del buque de carga MV Senator. El barco tenía que llegar a Europa en pocos días, con 8,2 millones de dólares en cocaína suramericana escondida a bordo.

Ahora, se enfrentaban a un contratiempo considerable: el barco había sido vendido a mitad de camino y los nuevos dueños estaban reemplazando a toda la tripulación.

Vujović llamaba desde los muelles de Durban (Sudáfrica), donde los 230 kilos de cocaína del Grupo América estaban en peligro. Y la organización no tenía a nadie a la mano para recuperar el cargamento en los dos o tres días que el MV Senator iba a permanecer en el puerto.

Jakšić era un hombre experimentado, acostumbrado a lidiar con el caos logístico del tráfico internacional de droga. Pero esta crisis suponía un reto singular, empezando porque no tenía ni idea de dónde estaba Durban.

La capacidad de Jakšić y sus socios, coordinando una operación a través de tres continentes para montar una red y rescatar un cargamento en cuestión de horas muestra la audacia, el alcance y la habilidad del Grupo América.

Y casi lo logran.

Crédito: Policía Nacional del Perú. Red de personas relacionadas con el caso Golondrina, con Zoran Jakšić a la cabeza.

Operaciones de bajo perfil

En un mundo donde Pablo Escobar se convirtió en un nombre común y la marca del Cártel de Sinaloa rivaliza con la de Coca-Cola, el Grupo América sigue siendo un enigma. Aunque el grupo alimenta una parte considerable de la adicción europea a la cocaína, ha tenido éxito precisamente porque vuela bajo el radar.

OCCRP (Organized Crime and Corruption Reporting Project) y dos de sus centros asociados, KRIK en Serbia e investigate.cz en República Checa, siguieron la pista durante varios años a esta organización criminal. Reunieron miles de páginas de informes policiales confidenciales, entrevistaron a autoridades e incluso visitaron a Jakšić en una prisión peruana.

Los periodistas encontraron una red disciplinada, ágil y creativa, con un modelo de negocios único. A diferencia de los cárteles que controlan la cadena de la cocaína desde las plantaciones de coca hasta la venta callejera, el Grupo América se ha especializado en actuar como un intermediario.

“La política del grupo ha sido proponerse/ofrecerse como una ‘agencia de servicios’ eficiente y fiable en el contexto del tráfico internacional de drogas, comprando drogas directamente a los productores sudamericanos, transportándolas y entregándolas únicamente a mayoristas que operan en Europa”, se explica en un informe de 2010 de investigadores italianos, obtenido por OCCRP.

Cuando se ve amenazada, la organización sencillamente se desvanece.

“El grupo es muy fuerte económicamente, con una clara estructura jerárquica y es capaz de crear una base de operaciones en cualquier ciudad y luego desaparecer o dispersarse rápidamente en casos de emergencia”, se sostiene en el informe italiano.

El líder del Grupo América es Mileta Miljanić, un hombre modesto de 60 años, que vive en Queens, Nueva York. Él y Jakšić supervisan una empresa criminal que, además de la cocaína, también obtiene beneficios del robo de identidades, la falsificación y el asesinato.

El verdadero alcance de la banda quedó al descubierto en 2009, cuando la policía italiana se topó con una de las mayores operaciones mundiales de tráfico de drogas tras seguir un miembro del crimen organizado italiano en Milán, cuando se dirigía a una reunión con mayoristas del Grupo América.

Durante varios meses, los policías italianos siguieron de cerca a Jakšić, Miljanić y a su personal. Escucharon sus conversaciones con interceptaciones telefónicas, los grabaron con cámaras y micrófonos camuflados en vehículos y cuartos de hotel. El informe de esta operación de vigilancia es el registro más completo del funcionamiento interno de la organización.

En informes obtenidos por OCCRP, la policía y la fiscalía italiana califican al Grupo América como un “protagonista principal del comercio de cocaína entre Suramérica y Europa, que logró crear en pocos años un monopolio sobre casi todas las rutas marítimas de drogas que abastecen el mercado europeo”.

Ninguna autoridad puede evaluar con certeza el tamaño de la organización, pero sus fracasos muestran algunas pistas. En los últimos 20 años, agencias de una docena de países han incautado más de cinco toneladas de cocaína del Grupo América.

Interceptaciones telefónicas realizadas por la policía peruana en Lima también muestran el tamaño del negocio y de las ganancias de la banda. Según las grabaciones, Jakšić le dijo a productores locales que necesitaba más cocaína.

“Necesito dos, tres toneladas para comprar”, dijo Jakšić. “Tengo otra cuota (pedido). En un mes tengo otra cuota de dos, tres toneladas”.

Estas cantidades son un indicador de las importantes sumas que el Grupo América podía obtener en poco tiempo. En ese entonces, la banda podía comprar una tonelada en Perú en 1,7 millones de dólares y venderla a distribuidores europeos hasta por 40 millones de dólares.

Crédito: Witold Skrypczak / Alamy La calle comercial de Karadordevica en Banja Luka, Bosnia.

Criminalmente Creativos

Las incautaciones de cocaína del Grupo América en Europa y Suramérica demuestran cómo se volvieron cada vez más sofisticados y creativos:

  • En 1998 Jakšić estaba en Perú, organizando un envío de cocaína en latas de aerosol a Estados Unidos. Esto no era inusual para el Grupo de América, al que le gusta probar nuevas rutas y métodos antes de enviar cargamentos importantes. Lo arrestaron por mandar 1,2 kilos a Miami y lo condenaron a dos años de prisión.
  • En 2000, el Grupo América envió 164 kilos de cocaína camuflados en tazas de cerámica de Suramérica a una empresa fantasma ubicada en Banja Luka (Bosnia y Herzegovina). Los funcionarios de aduanas encontraron la droga en una inspección en la bodega de la empresa.
  • En 2001, agentes de la DEA (Drug Enforcement Agency) estadounidense descubrieron en Panamá 20 kilos de cocaína del Grupo América escondidos en un contenedor de desodorantes.
  • En 2004, fueron localizados 60 kilos de cocaína disimulados en pegamento de baldosas asfálticas. La mercancía había sido enviada de Venezuela a Novi Sad (Serbia) por dos empresas que el Grupo América controlaba. La droga fue descubierta en su tránsito por Italia.
  • En 2008, la banda había planeado enviar cocaína líquida de Argentina a Europa, ocultándola en botellas de vino que iban a ser importadas por una empresa fantasma italiana. Pero la policía desbarató la operación. Jakšić había cuadrado con socios argentinos, peruanos y ecuatorianos los detalles del complot. La voluntad de trascender nacionalidades y orígenes étnicos para trabajar es una de las marcas de fábrica del Grupo América.

Aunque el Grupo América demostró tener talento para ocultar cargamentos de manera inusual, dependía en buena medida de técnicas que ya habían hecho sus pruebas como entregar paquetes envueltos en plástico a marineros que navegaban por las rutas transatlánticas.

“En referencia a las transferencias de estupefacientes, [el Grupo América] opera utilizando marineros de Montenegro en buques comerciales o cruceros que atracan en puertos suramericanos y luego llegan a Europa”, escribió la policía italiana.

Pero a veces, incluso esos planes sencillos podían salir mal, como descubrió Jakšić en febrero de 2009.

Jakšić estaba en Gdansk para supervisar la llegada de 32 kilos de cocaína de Argentina, escondida a bordo del carguero Samutra. El cargamento logró salir del buque, pero la policía polaca encontró la droga en un vehículo.

Mientras tanto, tras interrumpir la operación de Jakšić en Buenos Aires, la policía argentina incautó 174 kilos en una redada en el barrio Recoleta de la ciudad.

La droga iba a ser enviada a Venecia (Italia) a bordo del crucero MSC Armonia, que al final zarpó con solo 10 kilos de cocaína, que habían sido confiados a un marinero de Montenegro. Pero incluso esa pequeña cantidad fue interceptada por las autoridades.

Crédito: Zoonar / Alamy Un pescador en un muelle del puerto de Durban, Sur África.

Crisis en Durban

Los investigadores italianos quedaron claramente impresionados con la lucha del Grupo América por recuperar su cargamento varado en Sudáfrica.

“Este evento muestra una estructura organizacional perfecta y compleja”, escribieron. “Miljanić y Jakšić lograron contactar rápidamente con personas de confianza y encontrar la manera de recibir una cantidad específica de cocaína en África”.

Su punto de partida estaba lejos de ser ideal.

“¿Dónde está eso, Durban? ¿En qué país… dónde está? ¿En Sudáfrica? O… ¿dónde?”, le preguntó Jakšić a Milan ese día de enero, según interceptaciones de la policía italiana.

Los dos hombres evaluaron varias opciones, usando la jerga y las palabras en código de la banda, que se basa en buena medida en crudas referencias sexuales. Los empleados y la droga pueden ser descritos como amigas, mujeres, novias o prostitutas. Los kilos de cocaína son llamados “contratos”.

En mensajes de texto, por ejemplo, Jakšić le escribió a uno de sus hombres Zlatko Kosović: “Estoy preparando a las amigas, aquí en P[olonia]”.

“Perfecto, no te preocupes por nada”, respondió Kosović. “Sabes que cuando se trata de sexo, está garantizada la discreción, al menos de nuestra parte. ¡Adiós!”

Lo que complicaba el asunto de Durban era la propiedad del cargamento. Sólo 80 “contratos” pertenecían al Grupo América. El resto, 150 kilos, se los llevaban en alquiler a otra organización que la policía nunca logró identificar. Jakšić no confiaba en el otro grupo y no quería que se involucrara, a pesar de que tuviera la capacidad de rescatar todos los paquetes de África.

El método había sido sencillo: los marineros llevaban mochilas, maletas y bolsas de lona embarcadas en Buenos Aires. Las tenían apiladas, a la vista de todos, en el camarote de Branimir Orač, un croata que trabajaba en las cocinas.

“Había tantas mochilas en su camarote que parecía que se estaba preparando para escalar el Kilimanjaro”, le dijo más tarde Johan Booysen, jefe de la Unidad de Crimen Organizado de Sudáfrica, a la agencia de noticias News Outlet24.

Orač le dijo a las autoridades que la tripulación recibió la instrucción de arrojar las mochilas al Estrecho de Gibraltar para que las recogieran.

Despedidos en Durban, los marineros ya no tenían como descargar las bolsas sin llamar la atención; ningún camino limpio a través del puerto; y ningún lugar de almacenamiento seguro, como los garajes o apartamentos que la banda usaba usualmente.

Unas horas después de recibir las malas noticias, Jakšić llamó a Miljanić en Nueva York. Se pusieron de acuerdo para consultar a Goran “Gypsy” Nesic, un narco serbio basado en Brasil y cercano al Grupo América.

Nesic les recomendó un contacto de los bajos fondos de Nigeria. Aunque a Miljanić le preocupaba que el nigeriano no fuera de fiar, Jakšić le aseguró que Nesic, apodado Ciga, respondía por el hombre.

“Ciga no me va a joder… ese [nigeriano] es su hombre”, dijo Jakšić. “¡Ciga lo garantiza todo!”

A diferencia de las bandas que tienden a usar una pequeña red de personas de confianza, el Grupo América es conocido por montar redes nuevas, en particular cuando se trata de un problema urgente.

En una entrevista realizada en 2017 en una prisión peruana, Jakšić se jactó del alcance de sus contactos, refiriéndose a un compañero de prisión.

“Cuando necesito información sobre la escena de la droga en Israel, llamo a Tibo y le pregunto: ‘Oye, Tibo, ¿quién está haciendo drogas al por mayor en Israel?’”, dijo. “Ya sabes, sólo para tener una visión del negocio.”

A las 7:36 p.m. del 29 de enero, poco menos de 29 horas después de tener las primeras noticias del cambio de ruta del Senator, Jakšić y el nigeriano hablaron por teléfono sobre cómo iban a organizar el rescate del cargamento en los muelles.

Una hora más tarde, Jakšić se enteró de que la policía sudafricana lanzó una redada en el Senator. Según una transcripción policial, se lamentó de que “todo lo que toca saliera mal”.

Pero de hecho, hacía semanas que todo había salido mal.

Según el periódico croata Vecernji List, la policía sudafricana que entrevistó a la tripulación les mostró una foto de Orač, el que guardaba las mochilas en su camarote, cuando se reunía con narcotraficantes en Buenos Aires. Orač confesó en el acto. Fue el único operario del Grupo América acusado en Sudáfrica, donde lo condenaron a siete años de prisión.

Imponiendo Respeto

En su evaluación del Grupo América, los funcionarios italianos describieron a Miljanić, el jefe de la organización, como su “promotor y financiador”.

“El liderazgo de Miljanić… también fue esencialmente estratégico, porque la ejecución de todas las fases operacionales del tráfico de drogas fue de hecho dirigida por Jakšić”, escribieron.

Aunque tienen casi la misma edad, antecedentes y experiencia, las personalidades de los dos líderes de la banda son a la vez conflictivas y complementarias.

Ambos son duros y se sienten cómodos con la violencia física, pero mientras que Jakšić es impulsivo, Miljanić es tranquilo y metódico. El perfil bajo del Grupo América se puede atribuir en gran medida a su estilo.

Mientras escuchaba las operaciones de la banda en Milán, la policía italiana captó una conversación reveladora: Miljanić, que acababa de llegar a la ciudad, instó a su tempestuoso socio a mantener la calma y no correr riesgos.

“¡Todo debe ser relajado, sencillo y normal!” aconsejó Miljanić. En los negocios “no debes gritar… Por favor, no grites y no asustes a los demás”.

Pero el discreto Miljanić usa la violencia cuando es necesario.

Los múltiples asesinatos atribuidos a la banda en la Serbia de los años noventa incluyen torturar y desmembrar un mafioso rival con una motosierra.

Otro miembro, conocido como Srećko (“suertudo” en español), le contó el incidente a la policía, así como otros asesinatos del Grupo América. Años más tarde, la policía italiana escuchó cómo Miljanić y Jakšić discutían con calma la necesidad de matar a Srećko, que fue asesinado a tiros en Belgrado.

Otra presunta víctima del grupo, un criminal serbio asesinado en Hungría, fue decapitado en 2002. Su cuerpo fue quemado, pero un informe policial señala que “la cabeza fue encontrada 11 días después de que se encontrara el cuerpo, lo que lleva a la conclusión de que fue guardada en una nevera”.

La policía de Perú también ha conectado al Grupo América con el asesinato de un criminal serbio en 2014.

Si bien muchas de las presuntas víctimas del Grupo América han sido otros delincuentes, la banda también ha sido acusada de asesinatos políticos en Serbia, incluyendo el asesinato de un general de la policía de Belgrado en 2002.

Crédito: Ivan T. (CC BY-SA 3.0) TEl MSC Armonia en una parada en Split.

Éxito a través de la moderación

En junio de 2019, agentes antidroga estadounidenses realizaron una incautación récord de casi 20 toneladas de cocaína valorada en más de 1.000 millones de dólares a bordo del MSC Gayane, un buque portacontenedores que atracó en Filadelfia mientras navegaba de Sudamérica a Europa. Hasta ahora, sólo tripulantes de bajo nivel han sido acusados.

Es poco probable que el Grupo América tenga algo que ver con el Gayane - no es su estilo.

Aunque el grupo mueve decenas de toneladas de cocaína cada año a Europa, rara vez envía más de 100 kilos. Esta estrategia de bajo perfil le ha servido a la banda.

Los cargamentos más pequeños tienen menos probabilidades de llamar la atención y si la operación se cae, se limita el daño financiero.

Los envíos más pequeños también pueden confiarse a un sinfín de agentes de bajo nivel, lo que permite a los líderes de las bandas reducir al mínimo su propia exposición. En la mayoría de incautaciones ligadas al Grupo América, los únicos que terminan tras las rejas son ‘mulas’ descartables, como Orač, el marinero en Durban.

Es además menos probable que los policías y fiscales, ya de por sí sobrecargados de trabajo, dediquen sus limitados recursos a investigaciones de largo recorrido contra los coordinadores de una red cuando el botín parece de poca monta.

Como se ha visto una y otra vez en la historia del Grupo América, los jueces tienden a dictar sentencias en proporción al tamaño de la incautación, no en relación al total acumulado que pueda haber movido la banda.

Sin embargo, Jakšić y Miljanić se han enfrentado a penas de prisión a lo largo de estos años.

En este momento Jakšić cumple una condena de 25 años en Perú, tras ser detenido por tráfico de droga en 2016. Aunque las autoridades dicen que sigue manejando sus negocios desde la prisión, el hombre de 60 años podría morir tras las rejas. Y si llega a salir de la cárcel, le espera una extradición a Grecia donde lo requieren por tráfico de drogas desde 2007.

Jakšić también va a enfrentar un juicio en Italia en 2021 por su presunta participación en la operación del MSC Armonia.

A lo largo de los años, Miljanić ha cumplido condenas en Estados Unidos, Grecia e Italia, donde todavía es requerido por fugarse de un programa de libertad condicional en 2014. Pero por ahora es libre de vivir abiertamente en Estados Unidos y de viajar. Siempre y cuando evite Italia.

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