La banda de la Riviera Maya: los capos de los cajeros

Para el tejano Rod W. y su familia, eran unas vacaciones más que necesarias. Y qué lugar podía ser mejor que el sol y las cálidas arenas de Playa del Carmen (México), epicentro turístico de la Riviera Maya. La zona ha sido durante mucho tiempo un destino popular para los estadounidenses, donde pueden evitar la criminalidad y la violencia de los cárteles que controlan parte de México.

Al menos, eso pensaba la familia.

Al final de un día soleado, Rod se antojó de un habano, para acompañar su cena. Salió del restaurante para sacar efectivo en uno de los muchos cajeros automáticos que están en la zona.

En solo 15 minutos, los ladrones sacaron más de 800 dólares de su cuenta. Él lo notó de inmediato. Dice que tenía activado un sistema de alertas en su celular, que le notificaba cualquier transacción superior a 250 dólares.

Crédito: OCCRP La ciudad costera mexicana de Playa del Carmen, donde la banda de la Riviera Maya robó la información de las tarjetas de crédito de víctimas como Rod W.

“De repente fue ‘boom’, ‘boom’, ‘boom’. Creo que estaban en dos o tres lugares diferentes, haciéndolo al mismo tiempo” dijo Rod.

Rod había sido cuidadoso. Pensó que sabía cómo reconocer un cajero adulterado.

Pero esta máquina no tenía un skimmer aparente, con una luz intermitente sobre la ranura de la tarjeta. Y, además, llevaba la marca de un respetado banco mexicano.  No podía saber que un software, instalado en el cajero, se encargaba de hacer el skimming.

Rod, que pidió que su apellido no fuera publicado, no fue el único en perder su dinero.  Miles de turistas se han enfrentado al mismo problema desde 2012, cuando un grupo de criminales liderado por rumanos convirtió Cancún en su base de operaciones y empezó a adulterar docenas de cajeros en la zona.

OCCRP los apodó la banda de la Riviera Maya, robaban sistemáticamente números de tarjetas bancarias y luego los copiaban en tarjetas de plástico virgen. Después, uno de los miembros de la banda se encargaba de sacar el dinero de un banco en otro lugar del mundo.  Pero su historia comenzó en un lugar muy diferente a los cielos soleados y azules de México.

Crédito: OCCRP El panorama de la ciudad natal de Florian Tudor, Craiova, Rumania.

Entra el Tiburón

En el suroeste de Rumania, a sólo dos horas en auto de la frontera con Bulgaria y a dos horas de Serbia, se encuentra la región de Oltenia. Aquí, en el corazón agrícola de Rumania, está la ciudad de Craiova. En el medioevo fue un importante centro del principado de Valaquia y ahora es una ciudad aletargada de 300.000 habitantes.

Al entrar a la ciudad, los campos de maíz y trigo dan paso a bloques de viviendas de la época comunista y fábricas abandonadas. 

Pero en Craiova hay dinero. Al acercarse al centro, empiezan a surgir elegantes, modernos y lujosos inmuebles. Aquí ha prosperado el crimen organizado, alimentado por una corrupción local endémica, que en gran medida ha escapado al escrutinio serio estatal. 

Esta es la ciudad natal de Florian Tudor, un hombre de negocios de 43 años y, según las autoridades rumanas, el líder de la banda de la Riviera Maya. Ésta, de acuerdo a la policía y a un exintegrante, cuenta con unos 1.000 miembros. Varios de los edificios más nuevos de la ciudad son inversiones que vienen de las operaciones de skimming de Tudor, afirma la policía.

A diferencia de muchos de los miembros de la banda, que tienden a ser musculosos, estar tatuados e ir cuidadosamente afeitados, Tudor es más discreto. Su pelo rizado es corto, tiene una complexión normal. No es difícil imaginarlo mezclándose en una multitud.

Crédito: OCCRP Florian Tudor en una rueda de prensa en su casa en marzo de 2020, en la cual afirmó que la policía lo robó y lo torturó.

Su pasado es turbio. Fue una vez presuntamente detenido en Italia y deportado, aunque los cargos no son del todo claros. En 2008 y 2009, las autoridades rumanas parecen haber iniciado procesos penales contra él, que no finalizaron en nada. Sus antecedentes en Rumania, investigados por periodistas de OCCRP, parecen limpios.

Sin embargo, a partir de enero de 2020, la policía rumana empezó a investigarlo por dirigir un grupo de delincuencia organizada. La policía mexicana también lo tiene en su punto de mira.

La Dirección de Investigación del Crimen Organizado y el Terrorismo de Rumania (Diicot) alega que Tudor ordenó a amenazar, golpear, chantajear y asesinar a enemigos de la banda, incluyendo exintegrantes con los que se disputó. Tudor niega estas acusaciones.

“No soy un criminal y nunca lo seré”, dijo Tudor en un intercambio de correos electrónicos con OCCRP. “Nunca he matado a nadie y nunca he ordenado que maten a nadie”. 

Tudor afirma que es un empresario legal, víctima de autoridades corruptas de Rumania y México, sobornadas por criminales. También, acusa a la policía mexicana de haberle robado. Y señala que los reporteros de OCCRP son aliados de estas autoridades corruptas.

Crédito: OCCRP Una vista aérea de la playa de Cancún.

De Craiova a Cancún

No está del todo claro cómo arrancó la banda de la Riviera Maya, pero sus inicios parecen estar ligados con el negocio del skimming de cajeros, que desarrolló parte de las personas afiliadas a Tudor desarrollaron.

Los skimmers son dispositivos que se pueden introducir en un cajero automático y usar para leer la banda magnética de las tarjetas bancarias. Mientras tanto una pequeña cámara graba el momento en que la persona introduce su clave. Armados con esta información, los delincuentes pueden clonar la tarjeta de la víctima y usarla para compras o para sacar efectivo.

Antes de 2014, Tudor se mudó a la Riviera Maya, donde lo conocen como el Tiburón. Varios coterráneos de Craiova le siguieron los pasos.

Uno de ellos era Adrian Tiugan, de 36 años, un matón de poca monta que se hacía llamar Mufa o el Jack.  Antes de unirse al Tiburón en México, trabajó con un grupo que plantó skimmers en Italia y el Vaticano. Pero las autoridades rumanas lo detuvieron y en 2012 lo condenaron a dos años y medio de prisión.

Pero eso no disuadió a Tiugan. Tras cumplir con un período de prisión preventiva, lo liberaron con suspensión de pena. La única condición era que permaneciera en su natal Craiova y se reportara con la policía con regularidad. En lugar de eso, abandonó el país.

En diciembre de 2013, Tiugan reapareció en las oficinas de registro empresarial de Cancún. Estaba allí para crear Top Life Servicios, una compañía comercial que se convertiría en el pilar del imperio empresarial de Tudor. Su objeto era instalar y administrar cajeros automáticos en México.

Tiugan registró las compañías bajo el nombre de Paul Daniel Ionete, un rumano de Craiova conocido por los miembros de la banda. Para probar su identidad, Tiugan usó un permiso de residencia mexicano y un pasaporte temporal rumano falsificado, que llevaba la foto de Tiugan y el nombre de Ionete. Este documento muestra una vigencia de cinco años, aunque los pasaportes temporales rumanos sólo son válidos un año.

Crédito: Sergiu Brega/OCCRP El pasaporte falsificado con el nombre "Paul Daniel Ionete" (izquierda) y la tarjeta de residencia temporal mexicana de Adrian Tiugan (derecha).

No hay evidencias de que Tiugan haya tenido problemas con las autoridades locales, a pesar del pasaporte falso y de que Rumania emitiera una orden internacional de captura, después de que no se presentara ante la policía de Craiova.

En un email a OCCRP, Tudor refutó el hecho, argumentando que ni él ni sus asociados usan identidades falsas porque “no tenemos nada que ocultar”.

Tiugan se unió a otros rumanos ligados al Tiburón, que habían estado en Cancún desde 2012 y posiblemente antes. Interceptaciones telefónicas adjuntas a la sentencia de Tiugan, incluyen conversaciones entre miembros de la banda, que hablan de amigos que fueron arrestados en 2009 por manipular cajeros en México.

Cancún, con más de siete millones de turistas extranjeros al año, era el lugar perfecto para lanzar una lucrativa operación de skimming. La constante afluencia de visitantes, que se quedan días e incluso semanas, garantiza un suministro permanente de tarjetas bancarias robadas de bancos del mundo entero. Y más tarjetas es más dinero.

En los años setenta Cancún arrancó como un complejo turístico en una isla plana, de 21 kilómetros de largo, en forma de L, frente a la costa de la Península de Yucatán. El resort, inicialmente respaldado por el gobierno, comenzó lentamente, pero desde entonces se convirtió en un núcleo turístico que cubre casi toda la isla y parte del continente. Se convirtió en la región más visitada de México y en un mar de tranquilidad en medio de una tierra violenta.

A las afueras de Cancún se encuentra la Riviera Maya, una región caribeña que se extiende hasta Tulum, en el sur. La zona ofrece un clima cálido todo el año, un mar turquesa y arena blanca. Los turistas también pueden visitar los cenotes en la selva, así como ruinas mayas. Hay también reservas naturales, una cocina condimentada, hoteles de alta gama ubicados en canchas de golf de clase mundial. Las noches se alimentan de tequila y mezcal. 

Es inteligente enfocar operaciones de skimming en zonas turísticas si se hace bien. Y la banda de la Riviera Maya así lo hizo. Con frecuencia esperaban meses antes de retirar dinero con las tarjetas fraudulentas y casi siempre las usaban en zonas alejadas de donde las robaron o de donde vivían las víctimas. Los skimmers y recaudadores de la banda operaban en lugares tan lejanos como Indonesia, India, Barbados, Granada, Paraguay, Brasil, Japón, Corea del Sur y Taiwán.

Así, las víctimas tenían más dificultades para conectarlos robos con sus vacaciones mexicanas. E incluso si lograban hacer el vínculo, Cancún y la Riviera tienen tal cantidad de cajeros que difícilmente podrían localizar la máquina exacta donde les clonaron su tarjeta.

🔗UN MERCADO anual GLOBAL DE 2.000 MILLONES

Según Al Pascual, experto en delitos financieros, el skimming en la Unión Europea ha disminuido sustancialmente desde la introducción de las tarjetas EMV, que llevan impreso un chip que crea un código único para cada transacción.

Sin embargo, la tasa mundial de skimming y las cantidades robadas no han cambiado, porque los delincuentes sencillamente se trasladaron a lugares donde la tecnología EMV no se usa, en particular en América. Pero incluso si una tarjeta tiene este chip, los delincuentes pueden copiar los datos de la tarjeta en una banda magnética y retirar efectivo en países donde los cajeros y los datáfonos siguen leyendo tarjetas de banda.

TMD Security, una empresa global de seguridad de cajeros y de gestión, le dijo a OCCRP que cerca de 2.000 millones de dólares anuales se pierden en el mundo por fraudes con cajeros. Señalaron que se trata de una estimación conservadora. "Parte del problema es que los bancos no quieren hablar de esto", dijo el periodista estadounidense Brian Krebs, que cubre temas de seguridad. "Es vergonzoso para ellos y asusta a sus clientes”.

Cerca del 98 por ciento de las pérdidas por fraude en terminales de pago son producto del skimming, según la Asociación Europea de Transacciones Seguras, que tiene miembros en los cinco continentes.

Cuando Tudor se mudó a Cancún, algunos miembros de su familia lo siguieron, incluyendo a su hermanastro, Adrian Enachescu, de 33 años. En 2015, Enachescu se convirtió en accionista de Top Life junto a Tiugan.

Tudor también trajo a Ion Damian Nedescu, de 49 años, un empresario y filántropo de la ciudad portuaria rumana de Constanza. Nedescu era un empresario exitoso, que había caído en dificultades financieras. No está claro cómo se conocieron, aunque la novia Nedescu de ese entonces era de Craiova y podría haberlos presentado. 

En Rumania Nedescu era conocido por su historia inspiradora por los esfuerzos que hizo para ayudar a su hijo y a muchos niños con autismo. En febrero de 2014 Nedescu se hizo con el 20 por ciento de las acciones de Top Life y se convirtió en representante de la empresa.

La banda empezó a elevar su nivel, usando métodos más sofisiticados. Top Life se convirtió en la cobertura perfecta, dándole a sus actividades un barniz de legitimidad. El equipo de Tudor seguiría instalando skimmers en cajeros ajenos, pero se dieron cuenta que las estafas podrían ser aún más eficaces si eran dueños de sus propias máquinas.

Documentos conocidos por OCCRP muestran que la banda empezó a comprar cajeros de reconocidos fabricantes, incluyendo Triton y Hyosung. Lo que hicieron fue hackear sus procesadores e instalar su propio software, diseñado a medida para capturar datos de tarjeta bancaria.

Enachescu se involucró con otras compañías dirigidas por la banda, incluyendo Intaller que, entre otras líneas de negocio, compraba y vendía cajeros nuevos y usados.

Pero la banda de la Riviera Maya no se detuvo ahí. En otro movimiento audaz, en 2014 lograron un acuerdo con Multiva, un respetado banco mexicano. Los cajeros que pertenecían a Top Life irían con el logo de la institución financiera.

Nedescu le ayudó a la banda a instalar cajeros con la marca Multiva en la Riviera Maya. Su nombre y su firma se pueden ver en un acuerdo para instalar una de las máquinas del grupo en un restaurante Tulum, otro enclave turístico.

Para 2017, Top Life operaba más de 100 cajeros automáticos con la marca Multiva a lo largo de la Riviera Maya y en otros sitios turísticos de México. Cada día, los turistas, que entre todos acumulaban decenas de millones de dólares en sus cuentas, introducían sus tarjetas en las máquinas del grupo. Pero la banda no era codiciosa.

Crédito: OCCRP Uno de los muchos cajeros Multiva en Playa del Carmen.

Un exintegrante, que se convirtió en testigo de la fiscalía rumana, describió en una declaración de marzo de 2019, cómo trabajaba Top Life Servicios: “Controlamos alrededor de 100 cajeros con chips instalados en ellos… En promedio, cada máquina copiaba cada mes unas 1.000 tarjetas. Retirábamos alrededor de 200 dólares de cada una de estas tarjetas. 20 millones de dólares retirados cada mes”.

Recordó que tenían 20 cajeros en Puerto Vallarta, cuatro en Baja California, 24 en la isla de Cozumel, 30 en Playa del Carmen, cinco en Tulum y tres en el centro comercial Las Américas en Cancún.

Top Life Servicios terminó generando ingresos de 240 millones de dólares anuales, libres de impuestos. Eso convirtió la banda de la Riviera Maya en una de las operadoras de skimming más grandes del mundo, con cerca del 10 por ciento del total global manejado por sus miembros.

El exintegrante de la banda dijo que la organización creció hasta tener unos mil miembros, con un núcleo de unas 50 personas cercanos a Florian Tudor.  

Para manejar esos ingentes beneficios, la banda creó en 2015 la Inmobiliaria Investcun, a cargo de Enachescu, el hermanasatro de Tudor. La compañía invirtió millones del grupo en propiedades en México. La banda construyó su sede, una imponente mansión de varios pisos con piscinas en la azotea y ascensores, en un terreno que Investcun compró en en una zona privilegiada de Cancún.

Para 2019 la empresa también estaba involucrada en el desarrollo de un proyecto residencial y de golf en Puerto Morelos, un destino turístico entre Cancún y Playa del Carmen.

Otras compañías mexicanas que han sido controladas por Enachescu incluyen Alto Mundo, una empresa de gimnasios y ropa deportiva; Mexrou, una sociedad de importación y exportación; Intacarrent, que alquila y repara vehículos; y Brazil Money Exchange, que tiene oficinas a lo largo de la Riviera Maya.

El Tiburón era accionista de Intacarrent y de Brazil Money Exchange y tenía un poder general sobre Inmobiliaria Investcun. También era administrador de Europe Invest, otra empresa con sede en Cancún que usaba para inversiones en bienes raíces.

Hasta al menos 2016, Nedescu, que no tiene antecedentes penales conocidos, les dio la bienvenida a nuevos reclutas en Cancún, en general técnicos expertos rumanos contratados por la banda. Luego, según declaraciones de antiguos miembros de la banda, el Tiburón lo mandó a que se encargara de negocios en Estados Unidos.

Tudor no respondió las preguntas específicas sobre las acusaciones de actividad criminal, sólo dijo que no era un criminal y que estaba siendo perseguido por fiscales rumanos y la policía mexicana.  Aunque OCCRP trató de contactar a otros miembros de la banda, estos no contestaron.

Nedescu dijo que no podía responder las preguntas de los periodistas, pues hay una investigación en curso sobre la organización de Tudor.

“Hasta que terminen las investigaciones realizadas por los órganos competentes, me permitiré no expresar mi opinión. Gracias por su comprensión”, dijo.

Crédito: OCCRP Una vista aérea de Cancún, donde el periodista Brian Krebs encontró muchos cajeros automáticos que enviaban una señal de Bluetooth usada por los delincuentes.

Atención no deseada

Mientras la banda obtenía grandes beneficios, empezó a tener otros problemas. Después de estar varios años fuera del radar, su actividad salió a la luz por primera vez en septiembre de 2015, cuando el periodista estadounidense Brian Krebs publicó una historia sobre su negocio.

Krebs es un exreportero del Washington Post, especializado en temas de seguridad en Internet. En 2015, mientras la banda de la Riviera Maya construía su infraestructura en México, un técnico le avisó que estaba trabajando para una empresa de cajeros automáticos. 

“Escuché de un técnico de cajeros automáticos en México que se le habían acercado unos tipos de Europa del Este que le ofrecieron hasta 6.000 dólares al mes… La fuente dijo que estos tipos habían usado dispositivos Bluetooth que implantaron en los cajeros automáticos”, dijo Krebs.

Sin que Krebs lo supiera en ese momento, su fuente le hablaba de dispositivos de Bluetooth y skimming que fabricó Cristian Simion, un técnico rumano contratado para trabajar en la banda. Este hombre había hallado una manera de usar la tecnología para transmitirle a los delincuentes números de tarjetas bancarias robadas directamente desde los cajeros adulterados.

El periodista tomó un avión y voló México. No fue difícil encontrar cajeros en Cancún, Playa del Carmen e incluso en el Aeropuerto Internacional de Cancún que emitían un enlace Bluetooth llamado free2move.

De vuelta a Estados Unidos, Krebs publicó en su blog la historia sobre el skimming con el sistema Bluetooth en México. En sus artículos mencionó que le dijeron que una banda de Europa del Este estaba detrás de la trama.

Cuando Tudor se enteró de la historia, se puso furioso. Contactó por la aplicación Viber a Constantin Sorinel Marcu, uno de sus hombres y le ordenó que cerrar todas las operaciones.

🔗Chat de mayo de 2015 entre Florian Tudor y Sorinel Marcu

El Tiburón: KREBS-ON-SECURITY.COM. Mira esto (…) Mira el video y todo lo demás…Hay dos episodios. Hicieron una telenovela

Marcu: Lo veo. Esto es malo.

El Tiburón: Nos destruyeron. Ya está. Chinga su madre. Cierra todo (…) Diles que los voy a matar.

Marcu: Ok. Yo puedo matarlos, en cualquier momento, a cualquier hora.

El Tiburón: Están revisando todos los cajeros. Incluso en los bancos. Hallaron más de veinte.

Marcu: Que?!? Los descubrieron. Ya??

Simion, el técnico que fue miembro de la banda, es ahora es un testigo protegido. Le explicó luego a fiscales rumanos que el Tiburón convocó a los miembros de la banda en la sede de la empresa y les dijo que extrajeran temporalmente los chips de cerca de 10 de los 25 a 30 cajeros que pertenecían a  otros bancos o compañías.

El hombre muerto

Por incómodas que fueran las revelaciones, la policía nunca les hizo seguimiento y la banda rápidamente volvió a sus operaciones normales. Continuó expandiendo su red de cajeros en México gracias a su acuerdo con Multiva.

Entre tanto, el Tiburón trabajaba con un importante grupo de “recaudadores”, que viajaban por el mundo sacando efectivo con tarjetas clonadas.

Sin embargo, el año que Krebs sacó su investigación, un problema mucho más grande se estaba cociendo. Uno que provocaría una disputa entre la banda y la policía mexicana. 

Marcu era uno de los hombres de confianza del Tiburón. Un matón, un amigo de Craiova, alguien que le ofreció a su jefe matar “en cualquier momento, a cualquier hora”. Fugitivo de la justicia rumana, Marcu llegó a México en 2014 para trabajar con el Tiburón. Había apuñalado un hombre en Craiova, pero huyó del país antes de que lo condenaran por intento de homicidio. Al igual que en el caso de Tiugan, tenía una orden de captura internacional, pero las autoridades mexicanas nunca lo molestaron.

El Tiburón le encargó a Marcu garantizar la seguridad de los cajeros de Top Life, más que todo en Playa del Carmen. Las máquinas de la banda se alineaban sobre la Quinta Avenida, la principal calle peatonal de la ciudad, donde cada año millones de turistas disfrutan de sus bares, restaurantes y discotecas.

En Rumania el Tiburón y Marcu tenían una relación muy estrecha. Rebeca Tudor, la esposa rumana del Tiburón, era madrina de la hija de Marcu y las familias se veían regularmente. Videos obtenidos por OCCRP muestran al Tiburón celebrando el cumpleaños de Marcu en un club. Los dos hombres brindan y se menean al ritmo de música rumana. Otro video muestra a Marcu en el cumpleaños de uno de los hijos del Tiburón.

Sin embargo, un año después de que Marcu se uniera al Tiburón en México, tensiones empezaron a surgir. Integrantes de la banda que son ahora testigos señalaron que Tudor le tenía envidia al éxito de Marcu con las mujeres. Y Marcu no estaba satisfecho con la cuota que recibía del negocio del skimming.

Después las cosas se pusieron feas.

Una serie de capturas de pantalla de celulares, obtenidas en documentos criminales, muestran a Marcu y Tudor intercambiar insultos en mayo de 2015.

🔗Excerpt from Mobile Phone Chat Between Tudor and Marcu

Florian Tudor: Te salvé de tu tumba y te alimenté a ti y a tu familia.

Marcu: te saqué de la mierda. Porque todos se burlaban de ti. Limpié la playa para ti.

Florian Tudor: OK gracias.

Marcu: Y luego buscabas razones para deshacerte de mí. ¡Estás loco! No olvides que tu fin vendrá de mí.

Tudor confrontó digitalmente a Marcu, enviándole un video de WhatsApp que lo muestra saboteando cajeros de la banda, untando pegamento en el lector de tarjetas para volverlo inutilizable. Se amenazaron mutuamente durante más de una hora.

Marcu se quejaba porque afirma que proporcionó la fuerza que permitió eliminar los enemigos y la competencia del Tiburón.

El Tiburón dijo que alimentó la familia de Marcu durante el último año y lo salvó de sus problemas legales en Rumania.

El Tiburón le indicó a los miembros de la banda que cortaran relaciones con Marcu. El 2 de abril de 2018, cuatro matones atacaron a Marcu frente a una oficina de DHL en Cancún. A Marcu le sacaron luego el bazo en un hospital local. En Rumania, el Tiburón y los atacantes fueron acusados por intento de homicidio.

Los mensajes intercambiados muestran que después de la agresión en el DHL, Marcu quería vengarse.

“Estaban siguiendo mi auto y yo como un tonto, sabes que no corro. Los vi y pasé justo al lado de ellos”, escribió en un mensaje WhatsApp a alguien que no ha sido identificado. “Que se joda su familia. Escapó a cinco balas, pero esta vez este hijo de puta no se escapará”

Pero Marcu nunca pudo vengarse. Dos meses después, el 11 de junio, le dispararon en la cabeza. Las circunstancias de su muerte no son claras. Testimonios entregados a autoridades rumanas, así como su hermano y sus padres dicen que lo asesinaron en otro lugar y que luego su cuerpo fue trasladado frente al cuartel general de la banda. Dicen que ahí armaron una escena para que pareciera que fue asesinado mientras atacaba la banda.

Tudor negó esta versión.

“Esa noche yo, mi familia y mis trabajadores estábamos comiendo cuando oí un choque y unos gritos muy fuertes de [el pariente de Tudor] Gabriel [Alin Stroe] pidiendo ayuda”, dijo Tudor. Añadió que escuchó cinco disparos y que había unos 20 testigos, pero que solo se dieron cuenta horas después que habían oído la muerte de Marcu.

Un agente de seguridad mexicano, empleado de Energy Solutions of America, fue arrestado por el asesinato. Pero un juez, investigado por posible corrupción, liberó al hombre con el argumento que solo estaba haciendo su trabajo, defendiendo a los ocupantes del edificio.

La muerte apenas fue investigada por la policía de México, donde cerca de 33.000 personas fueron asesinadas tan sólo en 2018. De hecho, se considera que 2018 y 2019 han sido los años más violentos en la historia reciente del país.

Pero el asesinato sí parece haber sido un momento crucial para la banda de la Riviera Maya, ya que desató una guerra no sólo con la familia de Marcu y sus aliados, sino también con facciones de la policía local mexicana.

Crédito: OCCRP La casa de Florian Tudor, que fue allanada en 2019, vista desde la calle.

El policía mexicano

Tudor estaba ahora en el punto de mira de las autoridades mexicanas.

En mayo de 2019, la policía y la armada realizaron sendas entradas y registros tanto en el cuartel general de Top Life como en la casa de Tudor en Cancún. Él y cinco de sus colaboradores fueron detenidos, aunque poco después quedaron en libertad. Tudor denunció que el verdadero objetivo de la operación policial fue robarle joyas, arte, dinero en efectivo y material informático por valor de 2,7 millones de dólares.

Pero contraatacó rápido. Lanzó una batalla legal los meses posteriores a los registros. Presentó una petición de protección constitucional a las autoridades, argumentando que sus derechos humanos habían sido violados, así como una denuncia por corrupción contra numerosos funcionarios que participaron en los procedimientos policiales. En la posterior investigación, tres miembros de la Oficina del Fiscal General implicados en el operativo fueron cesados.

En febrero de 2020, Tudor y dos de sus colaboradores publicaron una carta abierta de dos páginas en un periódico mexicano contra el secretario de seguridad del Estado de Quintana Roo, Jesús Alberto Capella Ibarra. Lo acusaron de haberlos extorsionado, de haber vulnerado sus derechos humanos y de provocarles daños psicológicos, físicos, emocionales y económicos.

Capella, el jefe de la policía, respondió a esos ataques en Twitter, denunciando “una campaña mediática perversa orquestada y financiada por intereses oscuros”. La Secretaría de Seguridad Pública de Quintana Roo afirmó que las denuncias de Tudor contra Capella eran ante todo un intento de obstruir las investigaciones en curso contra él y su organización.

Los registros no fueron el primer encontronazo de Tudor con la ley aquella primavera. Seis semanas antes, el 30 de marzo, él junto a su amigo y mano derecha, Nicolae, fueron detenidos mientras conducían por la carretera Cenotes. La policía les incautó una pistola Glock, munición y más de 25.000 dólares.

El 16 de marzo, el Tiburón organizó una rueda de prensa en su casa de Cancún en la que insistió que él es un hombre de negocios respetuoso de la ley que se había convertido en el objetivo de policías sin escrúpulos, periodistas y criminales. Sentado con un portátil, leyó en castellano toda la batería de acusaciones. 

Afirmó que conoció a Marcu y a su hermano en un restaurante en Cancún, donde ellos mismos se le presentaron y le pidieron trabajo.

Tudor sostuvo que, desde 2015, Marcu y su gente intentaron extorsionarle y chantajearle. Según el Tiburón, Marcu lo amenazó de muerte después de que rechazara de involucrar su negocio legal en una trama de tarjetas clonadas. Afirmó que Marcu no sólo le entregó información falsa a Krebs, si no que incluso le pagó para que publicara su investigación. Señaló que la historia de Krebs fue el inicio de una “campaña de difamación” que destruyó años de trabajo duro y que le llevó a perder su contrato con Multiva.

Añadió que las autoridades estaban a sueldo de la banda de Marcu, incluyendo Capella. Denunció que la policía le plantó las armas para justificar sus arrestos, que agentes amenazaron con violar a su mujer y con dejar huérfano a su hijo de seis años - a quien le apuntaron con una pistola en la cabeza -. No entregó ninguna prueba de esas acusaciones.

En Rumanía, cinco de los principales colaboradores del Tiburón fueron arrestados y el propio Tudor está siendo investigado por el intento de asesinato de su antiguo amigo Marcu.

Marcu está enterrado en el cementerio central de Craiova, donde sus padres se acercan casi cada día con flores y velas y se sientan junto a su tumba. 

Su padre le explicó a OCCRP que vendió dos autos para reunir el dinero necesario para comprar la parcela de la sepultura y una lápida de mármol negro, donde colocó una foto de Marcu y un corto epitafio: “Por ti y por la vida de la que me desgarraron. Piensa en mí de vez en cuando”.


Conozca algunos protagonistas


El cerebro

La mayoría de la gente involucrada en la estructura financiera del Tiburón son de Craiova y varios han tenido escaramuzas con la ley. Pero uno de los actores más importantes es un filántropo, sin antecedentes criminales, de Constanta, una ciudad junto al Mar Negro: Ion Damian Nedescu, de 49 años. Es un hombre de negocios y reconocido defensor de los niños con autismo.

Documentos obtenidos por OCCRP muestran que 2014 no fue un buen año para Nedescu. Empresario exitoso, involucrado en 30 empresas comerciales en Rumania y Estados Unidos, Nedescu tenía problemas financieros. No había logrado reembolsar algunos préstamos y el banco embargó una de sus principales propiedades en Bucarest, la capital rumana.

Ese año, se empezó a moldear la vida secreta de Nedescu al otro lado del océano Atlántico.

En febrero de 2014, Nedescu se convirtió en socio minoritario Top Life Servicios, con el 20 por ciento de las acciones. Esta es la principal compañía de la banda de la Riviera Maya. El 80 por ciento restante  estaba a nombre de Paul Daniel Ionete, la identidad falsa que empleaba Adrian Tiugan, alias El Jack.

Un año después, Nedescu recibió el 50 por ciento de las acciones de otra empresa del grupo, D&D Events, una compañía autorizada para organizar eventos públicos y privados y para administrar restaurantes, entre otras actividades. La otra mitad de acciones pertenecían a Tiugan, bajo el nombre de Paul Daniel Ionete.

Para diciembre de 2014, Nedescu ayudaba la banda instalando en la Riviera Maya cajeros de Top Life Servicios, que llevaban el logo de Multiva. Su nombre y su firma aparecen en un acuerdo para instalar una de las máquinas de la banda en un restaurante de Tulum.

No es claro cómo Nedescu acabó trabajando para la organización criminal. Un testigo, que pidió protección de las autoridades rumanas por temor a su vida, aseguró en una declaración firmada que Florian Tudor le contó que la novia de Nedescu los presentó. El testigo añadió que la novia, que era directora de un banco, le ayudó previamente a Tudor y a su esposa rumana, Rebeca, a conseguir un préstamo. Además, que el Tiburón necesitaba a Nedescu porque era inteligente, hablaba bien inglés y era un hombre de negocios preparado.

Otro testigo, entrevistado por fiscales rumanos, explicó que la novia de Nedescu le ayudó a conseguir tarjetas bancarias vírgenes, sobre las que imprimían los datos de las tarjetas robadas. Según el testigo, ella también los asesoró sobre el manejo de las tarjetas EMV, explicándoles cómo burlar su cifrado y recuperar los datos.

OCCRP descubrió que en 2015 Nedescu creó  NID Export Import Trading LLC, una compañía con sede en Delaware, que tiene oficinas en Nueva York y en San Francisco. No es claro para qué fue empleada esa compañía, pero las autoridades rumanas afirman que Nedescu estuvo enviando dinero desde cuentas bancarias estadounidenses a miembros de la organización criminal tanto en México como en Rumania.

Al tiempo que se involucró en las operaciones de la banda en México, Nedescu creó una serie de páginas web, entre ellas firstcheckcash.com, checks2money.com, goldcheckcash.com. Ninguna de ellas funciona en este momento.

En 2014, envió un Porsche Cayenne de Cancún a Craiova a Rebeca Tudor, la esposa rumana del Tiburón.

Todo el tiempo, Nedescu estuvo viviendo una doble vida.

En 2014 llevaba casi una década luchando contra el autismo, una condición que no era ni investigada ni tratada adecuadamente en el sistema sanitario de la Rumania postcomunista. El hijo de Nedescu, Radu, fue diagnosticado de autismo severo cuando tenía dos años. Según Nedescu, el niño no hablaba en absoluto, no socializaba y no aprendía nuevas habilidades. Estaba completamente ausente.

Nedescu relató su vivencia en un ensayo publicado en 2018 en su página de Facebook.

“Al principio no entendíamos nada de la situación”, recordó, añadiendo que los doctores en Rumania no les proporcionaba ninguna opción de tratamiento.

“No pueden hacer nada. No hay cura”, aseguró que le dijeron. “Los síntomas van a empeorar. Probablemente tengan que internarlo en una institución psiquiátrica”.

Nedescu y Cristina, su esposa entonces, rechazaron el diagnóstico y comenzaron a buscar tratamientos. Al final descubrieron la terapia Análisis de Conducta Aplicado (Applied Behavioural Analysis, ABA en sus siglas en inglés) mediante el cual los terapeutas ayudan a los pacientes a mejorar comportamientos específicos como la comunicación, la lectura y las habilidades sociales.

Aunque ABA es uno de los tratamientos más comunes y elogiados para el autismo, también tiene sus detractores, entre ellos a adultos a los que se les aplicó siendo niños. Ellos argumentan que la gente con autismo ha de ser aceptada tal y como son en lugar de hacerles sobrellevar años de intensas terapias con el objetivo de que parezcan “normales”.

Estas sesiones de terapia -normalmente son unas 20 horas a la semana, aunque pueden llegar a 40- se enfocan en cada síntoma del autismo. Así, es una terapia cara y consume tiempo. 

Nedescu escribió que su familia dejó en un segundo plano todo lo demás para dedicar todo su tiempo, energía y dinero en aprender este método y aplicarlo a su hijo. Decidieron llevar a cabo el método ABA durante todo el día y contrataron psicólogos recién graduados para formarlos.

Tras un año de terapia con Radu, el matrimonio creó en 2004 la fundación Horia Motoi y comenzaron a aceptar algunos niños de corta edad diagnosticados con autismo. Formaron psicólogos, desarrollaron un kit de herramientas, un método de diagnóstico temprano y trabajaron en cambiar la percepción del autismo.

Según el ensayo de Nedescu, la terapia pareció funcionar. Radu estaba haciendo progresos, al punto que empezó a ir a la escuela. Aprobó exámenes, hizo amigos, comenzó a escribir. Y se graduó.

Actualmente, Radu Nedescu es estudiante de Filosofía en Bélgica, escribe poesía y habla en público sobre su condición y su increíble recuperación.

Nedescu empezó una campaña de relaciones públicas sobre la historia de su hijo, haciendo una gira por programas de radio y televisión en Rumania para ensalzar los beneficios de la terapia ABA. En una entrevista, el presentador del programa ‘El Mejor Padre’ lo presentó diciendo: “Si no fuera real, la historia de Damian Nedescu habría tenido que ser inventada por un escritor”.   

A Nedescu le pidieron que imaginara qué diría su hijo de él cuando tuviera su edad. “¡Un poco loco pero mira lo bien que salió””.

“Un poco loco” podría ser un eufemismo.

Mientras se dedicaba al tratamiento del autismo de su hijo y de otros niños, Nedescu se internaba cada vez más en los negocios de Tudor y de su organización. Nedescu es el representante de Intaller, otra compañía mexicana que compró cajeros para la organización y es accionista de las dos principales empresas de la banda. También era responsable de darle la bienvenida a los nuevos integrantes del grupo, cuando llegaban a Cancún.


El técnico

La banda de la Riviera Maya necesitaba técnicos cualificados para diseñar y construir sus cada vez más sofisticados dispositivos de skimming. Muchos de ellos eran reclutados en la industria tecnológica de Rumanía, en pleno crecimiento.

Cristian Simion, de 44 años, es un técnico rumano de radiotransmisión. En enero de 2014, buscaba trabajo y encontró en Internet un anuncio que ofrecía un buen salario en Alemania para personas familiares con Bluetooth y otras tecnologías de transmisión inalámbricas. Simion respondió al anuncio y al mes recibió un correo electrónico, donde le informaban que el puesto aún estaba disponible, pero que el destino había cambiado. De Alemania a México.

Pronto empezó a hablar por Skype con un miembro de la banda de la Riviera Maya.

Al ingeniero sólo le hicieron una pregunta: ¿Puedes soldar? Respondió que sí. Lo contrataron y en mayo de 2014 aterrizó en Cancún.  Ion Damian Nedescu le dio la bienvenida. 

Se vieron en un Starbucks en el centro de Cancún. Cruzando la calle estaba el cuartel general de Top Life Servicios. Pasaron los siguientes días en el edificio de dos pisos de la compañía, donde se habían acondicionado dormitorios.

Fue al cuarto día cuando finalmente conoció a Cosmin Adrian Nicolae, 38 años, el integrante de la banda con quien había hablado por Skype.

Nicolae, que también es de Craiova, era un miembro de primer nivel de la banda. Su trabajo consistía en colocar y controlar los cajeros de Top Life. Sobornó a técnicos de otras compañías de cajeros para permitirle a la banda de la Riviera Maya colocar sus skimmers en las máquinas de otros bancos.

Nicolae era accionista o tenía poderes notariales en siete de las sociedades mexicanas de la banda, entre ellas Intaller, la sociedad que Nedescu representaba ante las autoridades mexicanas.

Nicolae dio a Simion algo de dinero para que lo enviara a su familia en Rumania y le dijo que se relajara e intentara acostumbrarse a la vida en México. Tres semanas después lo presentaron al grupo, en una ceremonia de iniciación.

Simion le dijo a fiscles rumanos que conoció a Florian Tudor un par de semanas después de llegar a Cancún.

Esa misma noche, lo llevaron a una mansión en Novo Cancún, un elegante barrio de la ciudad junto a la playa. Allí lo recibió Tudor y varios de sus colaboradores y le insistieron en que esnifara cocaína mientras los miembros del grupo lo evaluaban y votaban si merecía o no unirse a sus filas. Con una copa de vino tinto en la mano, Tudor finalmente lo inició en la banda. 

Poco después, Simion entendió para que realmente lo llevaron a México: skimming. Durante un tiempo no le pareció un problema y trabajó con el Tiburón, Nicolae y otros integrantes de la banda, instalando dispositivos de skimming y el software en sus cajeros.

Simion hizo buena parte del trabajo en el cuartel general de Top Life Servicios en Cancún, pero la organización también tenía negocios en Playa del Carmen, donde se habían establecido otros técnicos rumanos, algunos de ellos llevados a México por el propio Simion. 

Simion explicó que en 2017 se quería ir. Le indicó a las autoridades rumanas que en enero de ese año encontró trabajo en una empresa de publicidad mexicana, con la idea de distanciarse de la banda. 

Su decisión no fue bien recibida por el Tiburón. Una noche de enero de 2017, Tudor lo citó a un  restaurante rumano de Cancún. Entonces le ordenó que llamara a una ambulancia y le empezó a pegar con una manguera. Durante el ataque de 20 minutos, Tudor le dijo a Simion que México era su país y que nadie puede abandonarlo y hacer negocios por su cuenta. 

Tudor continuó golpeándole al día siguiente en las oficinas de Top Life Servicios, explicó Simion. 

Tres meses más tarde, Simion abandonó México, volando primero a Alemania y luego a Bucarest, la capital de Rumania. Pero la gente del Tiburón le siguió la pista y pronto recibió amenazas del propio Tudor a través de la aplicación Viber. Ahí le advertían que mejor no hablara con las autoridades. 

“Huiste como un maricón… Si te fuiste con malas intenciones, no te escaparás. Sé dónde vives”, le escribió el Tiburón. 

Tudor mencionó que tenía contactos con fuerzas de seguridad mexicanas y lo amenazó con abrir un caso criminal en su contra y dictar una orden internacional de captura. 

“Aquí se construyen rápido las investigaciones criminales. Lo sabes bien. Ten cuidado, te pueden investigar por tráfico de drogas”, escribió. 

Tres meses más tarde, en julio de 2017, el Tiburón le insistió a Simion para que volviera a México. Mandó fotos de los hijos de Simion yendo a la escuela, una advertencia de que lo estaban vigilando.

En agosto de 2017, Simion accedió a regresar a Cancún y a trabajar un mes más para la banda. Pero al día siguiente, dos matones del Tiburón fueron a su casa y lo amenazaron. Cuando se fueron, Simion intentó contactar el Tiburón, pero no respondía a sus llamadas. El Tiburón lo llamó dos días después y le dijo que a uno de sus lugartenientes se le había olvidado avisarle a los matones que ya no lo molestaran y que ya tenían un acuerdo. 

El incidente aumentó la desconfianza de Simion hacia Tudor, así que rechazó volver a México. Abandonó su casa y ahora es testigo protegido contra Tudor y su banda.


Los recaudadores viajeros o skimmers

El itinerario de Sorin Velcu en estos últimos años bien podría salir de los sueños de un mochilero. Natural de Craiova (Rumania), ha tomado cócteles en la isla caribeña de Granada y ha pasado tiempo en Kuta, epicentro turístico de Indonesia. Pero él no estaba allí de vacaciones, tenía una misión. Velcu era uno de los principales recaudadores de la banda de la Riviera Maya, lo enviaron alrededor del mundo para retirar efectivo en cajeros con tarjetas clonadas, donde imprimieron datos robados. 

Pero los recaudadores como Velcu no solo retiraban dinero: también montaban dispositivos de skimming en cajeros de distintos países, con el objetivo de obtener nuevos datos bancarios. 

La banda de Riviera Maya vigilaba de cerca toda la información que cosechaba. La policía rumana obtuvo un libro de cuentas donde se registraban lotes de cientos de tarjetas de crédito y de débito, claves, así como nombres y nacionalidades de los bancos que emitieron las tarjetas. En muchos casos, se anotaba la cantidad de dinero que se retiraba ilegalmente. La banda también prestaba atención la tecnología de cada tarjeta (de chip o de banda) y tomaban notas sobre qué tipo de cajeros las aceptaban . 

Esa información era enviada al servicio de contabilidad de la banda de la Riviera Maya por gente como Velcu. Este hombre, de 35 años, es un tipo musculoso, tatuado y con una barba cuidadosamente afeitada. Solo fue un año a la escuela y acostumbraba conducir un Chevrolet Camaro por Craiova, pese a no tener licencia. En estos días está a la espera que lo juzguen, es acusado de pertenecer a una organización criminal por su afiliación a la banda de Riviera Maya.

Este es solo uno de los muchos roces de Velcu con la ley de diferentes países. 

Según registros judiciales de Estados Unidos, Velcu fue arrestado en agosto de 2005 en McAllen (Texas) tras cruzar el Río Grande desde México con un grupo. No compareció en una audiencia de inmigración en Texas y se ordenó su deportación. Luego, en septiembre de 2005, entró de manera ilegal a Canadá, donde logró el estatus de refugiado. Pero fue arrestado de nuevo en Estados Unidos, que volvió a ordenar su expulsión, tras cruzar ilegalmente la frontera con Canadá.

Hizo un nuevo intento por entrar a Estados Unidos en 2016. De nuevo, desde México. Le dijo a las autoridades rumanas que no tuvo éxito y que vivió por  un tiempo en Ciudad de México. 

En 2019, Velcu fue arrestado en la nación caribeña de Granada, en la isla indonesia de Bali y a su regreso a Rumanía. 

El mes de febrero Velcu estaba de fiesta en Granada, desde donde publicó videos en Facebook en el que salía saboreando un cóctel de whisky y agua de coco. Poco después, lo arrestaron tras intentar sacar dinero de un cajero con una tarjeta robada. 

El contratiempo caribeño no disuadió a Velcu y al mes voló a Bali. En la ciudad turística de Kuta  la detuvo la policía, y a tres cómplices, por usar tarjetas clonadas. Pasó siete meses en prisión y regresó a Rumanía, donde lo arrestaron de nuevo. 

La policía indonesia había sido alertada por las autoridades rumanas, pues habían descubierto que Velcu y su banda usaban un agente de viajes rumano para reservar sus pasajes de avión. La policía obtuvo una orden para monitorizar las comunicaciones del agente y lograron estar informados de los viajes de Velcu. Cuando compraba un tiquet, las autoridades rumanas informaban a sus homólogas en otros países que la banda los iba a visitar. 

Sin embargo, pese a ser detenidos, rara vez enfrentaron castigos contundentes. 

En febrero del año pasado, dos miembros de la banda fueron detenidos en Barbados, una isla que recorrieron retirando dinero con tarjetas clonadas e instalando dispositivos de skimming. Cuando fueron arrestados, llevaban tarjetas pegadas al cuerpo. Se declararon culpables. 

A finales de mes ya habían sido puestos en libertad y los deportaron tras pagar una multa de 10.000 dólares. Una publicación local citó al juez diciendo: “Es  mejor verles la espalda a que los contribuyentes tengan que mantenerlos”. 

Recibos de Western Union vistos por OCCRP muestran como la banda se movilizaba para salvar a su gente. 

El dinero, 25.000 dólares de Barbados, para pagar las multas de lo dos hombres fue enviado desde oficinas de Western Union ubicadas en Craiova y en Bucarest a abogados en Barbados. El dinero fue mandado en varias entregas por personas diferentes. 

Los dos fueron deportados de la isla caribeña.

Pocos días después de las detenciones en Barbados, otro de los recaudadores de la banda fue detenido en el aeropuerto de Cancún en un vuelo procedente de Panamá, que es un hub aéreo regional. 

Maria Dumitru, 32, llevaba dinero de Barbados por valor de 40.000 dólares, que no había declarado en las aduanas.No está claro como había conseguido ella ese dinero de Barbados, pero uno de los recaudadores arrestados en el país caribeño es primo de su marido, Gheorghe Dumitru, 38, que estaba en el vuelo desde Panamá con ella. Velcu y Dumitru son hermanos.

Recuadro 4: Blanqueando las ganancias

La banda solía usar servicios como Western Union y Moneygram para blanquear su dinero en efectivo o, como en el caso de las detenciones en Barbados, para asistir a su gente en aprietos. Empleaban a gente cualquiera para enviar o recibir cantidades relativamente pequeñas de dinero y así no hacer saltar las alertas anti-blanqueo. 

Eduardo Costel, de 29 años, trabajaba en la  construcción de una casa cuando Rebeca Tudor, la mujer del Tiburón, se le acercó a él y a sus 10 compañeros. “Nos pidió recibir a través de Western Union algo de dinero enviado por su marido desde México ya que ella no podía recibir el montante completo, que era grande. Ella necesitaba el dinero para acabar la construcción de su casa. Aceptamos y cada uno de nosotros recibió un trozo de papel con códigos de transferencia de fondos (MTCN en inglés). Yo retiré 3.000 euros de una agencia de Western Union y cada uno de los chicos retiró entre 2.800 y 3.000 euros. Cada uno obtuvo 100 leis rumanos (unos 20 euros)”.      

Ese escenario se repitió una y otra vez. El dinero llegaba a través de Western Union no solo de México, sino también desde Estados Unidos y otros países. Trabajadores, estudiantes, maquilladoras, desempleados e incluso sacerdotes fueron solicitados para retirar dinero de Western Union para la banda de la Riviera Maya.

El dinero no siempre se quedaba en Rumanía. Viorel Ciortan, 47, un sacerdote ortodoxo que fue empleado por la banda no solo recibió fondos sino que envió dinero a varios países en beneficio de los criminales. “Tengo que decir que no me quedaba nada del dinero que recibía. Repetidamente mandaba dinero a países extranjeros. Ellos me daban el dinero y me indicaba la persona que debía recibirlo. Yo no sabía cuál era la fuente de ese dinero. Ellos me ayudaban ocasionalmente con pequeñas cantidades cuando se lo pedía”, dijo Cioran en un testimonio firmado entregado a la fiscalía rumana.

Esto era solo parte de la operación de blanqueo de dinero y, según la policía rumana, la banda continuaba enviando dinero escondido en marcos de cuadros, paquetes de DHL, escondiéndolo en autos que exportaban de un lugar a otro o simplemente cruzando fronteras con grandes cantidades de dinero.

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